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Hoy en día, “la nube”, ya sea nube pública o nube privada, es algo que está en boca de todos. Sin embargo, el concepto de nube, o cloud, es muy amplio. Office 365 o Gmail son servicios cloud, así como Dropbox o SkyDrive. Aunque tienen propósitos muy diferentes, su objetivo es el mismo: entregar parte de las TI como servicios.

La base de los servicios cloud es la virtualización, término con el que todos estamos ya familiarizados. Sería impensable que un servicio en la nube pública como Gmail, que tiene millones de usuarios y una cantidad ingente de datos almacenados, estuviera respaldado por miríadas de servidores tal como los conocemos tradicionalmente.

La virtualización también ha penetrado de forma natural en la empresa privada, debido a sus innumerables ventajas. La más importante, y la que provocó en primera instancia la adopción de esta tecnología, es la consolidación de servidores. Puesto que un servidor físico puede correr varias máquinas virtuales, la capacidad de computación se aprovecha mejor (ciclos de procesador inoperativos, páginas de memoria libres, etc.). Toda esta potencia de proceso es repartida de forma inteligente por el hipervisor, que es el sistema operativo que se ubica entre el hardware y las máquinas virtuales.

Pero hay más. Este hipervisor aísla a las máquinas virtuales del hardware real. Esto implica que podemos cambiar fácilmente el “hierro” sin afectar al funcionamiento de las máquinas virtuales, ya que el único hardware que conocen es el del propio hipervisor. Unamos esto a la posibilidad de tener varios servidores, un almacenamiento compartido y la capacidad de mover estas máquinas virtuales “en caliente” entre ellos. Ya tenemos un entorno de alta disponibilidad. Y así podríamos seguir varias páginas más.

La consecuencia natural de disponer de estas herramientas es la nube privada. Este concepto representa un cambio trascendental: las TI dejan de enfocarse hacia los servidores para enfocarse hacia los servicios.

Puesto que ya no tenemos una dependencia absoluta de nuestros servidores físicos, podemos dirigir nuestros esfuerzos a los servicios que éstos ofrecen a nuestra empresa: debemos asegurarnos de que los podemos entregar de forma ágil, escalable y a demanda.

La automatización y el autoservicio son las claves de este nivel avanzado de servicio.

Se ve mejor con un ejemplo: El director de un departamento de una empresa (que tiene conocimientos de informática de usuario) va a empezar una campaña que supone un incremento importante en las cargas de trabajo que supone un aumento eventual de la plantilla.

En lugar de contactar con el departamento de informática para solicitar más servidores, se conecta él mismo al portal de autoservicio de la compañía y adquiere un servicio consistente en un servidor de bases de datos y dos de aplicaciones.

¿Cómo lo ha conseguido si no tiene conocimientos avanzados de informática? En realidad, no ha hecho nada. Simplemente dispone de un crédito que puede “gastar” en servicios para su departamento. Como comprar en Amazon.

El trabajo que permite esta operación tan simple se ha hecho previamente. Hemos creado el servicio mediante un flujo de trabajo automatizado, que despliega estos tres servidores de forma desatendida. Le hemos asignado un coste a este servicio y luego hemos concedido un determinado crédito al mencionado director de departamento para que pueda “comprar” servicios. En función de los costes y del crédito asignado, podemos controlar cuánta capacidad de computación va a poder reclamar dicho departamento. Y así con todos los departamentos de la empresa. Esto es la nube privada.

No obstante, no todas las empresas pueden permitirse la infraestructura y el personal cualificado necesarios para tener su propia nube privada. En HSI somos conscientes de ello, y tenemos a tu disposición nuestros servicios de Cloud Computing en pago por uso. Si tienes alguna necesidad, pregúntanos sin compromiso.

Un saludo.